domingo, 19 de junio de 2011

‘infoxicación’ : hastío por exceso información de la Web

Empache mediático

Ha surgido el término ‘infoxicación’ para describir el hastío que ocurre por el exceso de información que se recibe a través de la Web y las redes sociales

La infoxicación se da cuando la información llega a ser "tóxica", pues el cerebro no tiene la capacidad de procesarla. (Thinkstock)

Por Brunymarie Velázquez Meléndez /brunymarie.velazquez@elnuevodia.com

IMAGÍNESE que enciende su computadora, activa su perfil en las redes sociales, su correo electrónico y comienza a navegar en la web. Enterarse de las noticias, el clima, el tráfico, las últimas ofertas y hasta cómo se sienten sus amigos es más rápido que hacer “clic”. Pero se percata de que han pasado horas y usted aún sigue frente al monitor.

O considere el ejemplo de Esteban(nombre ficticio), que es amante de la música, y comparó cómo hace unas décadas entraba a una disquera y leía varias revistas para mantenerse enterado de los acontecimientos musicales más importantes del mundo. “Hoy entro a internet y hay tanta información de música que me causa desesperación y he llegado a hastiarme”, comparó.

Tanto usted, como Esteban, podrían ser víctimas de la ‘infoxicación’, un neologismo originado por el español Alfons Cornellá, que se aplica cuando toda la información que se recibe a través de correos electrónicos, redes sociales, mensajes de texto y la web es más de la que humanamente se puede procesar.

Entre el comienzo de la escritura y el 2003, el ser humano produjo cinco exabytes -trillones de unidades- de información. Esa misma cantidad se produce ahora cada dos días en internet, dijo en entrevista por videoconferencia desde Uruguay, David de Ugarte, bloguero del periódico El País, de Madrid y autor de más de cinco libros sobre redes sociales e informática.

Según el cálculo del experto en redes, cinco exabytes de información equivalen a un millón de millones de fotografías de una cámara digital promedio o a más de medio millón de veces la información que los jóvenes puertorriqueños intercambian mediante mensajes de texto cada año.

¿Qué pasa cuando se vive dentro de ese despiadado bombardeo de información? La mente se agobia, y es que la inmediatez de la información en internet y las nuevas tecnologías han hecho que las personas acudan a la Red como primera opción. Eso lleva a que terminen aturdidas y a que su capacidad de análisis se afecte. Todo es igual de importante y urgente, por lo que intervienen con todo a la vez.

El psicólogo británico David Lewis creó el término Síndrome de Fatiga Informativa para describir el efecto que se produce cuando la persona tiene que lidiar con millones de datos de información que llegan al cerebro. Su estudio se enfocó en los efectos de la información en el mundo empresarial y las repercusiones que el bombardeo de ésta tendría en los empleados.

Lewis determinó en sus estudios que el sobreestímulo de información paraliza la capacidad de analizar, crea ansiedad, lleva a tomar malas decisiones y a llegar a conclusiones erróneas.

El psicólogo expuso además como uno de los efectos mayores que las personas “se han convertido en incapaces de desarrollar rutinas sencillas para manejar la información”.

“Si estás sometido a un bombardeo de publicidad y dejas de actuar con conciencia una reacción puede ser que comiences a comprar irracionalmente”, ejemplificó De Ugarte.

Menos productividad

Por otro lado, Glenn S. López Haage, especialista en web del Sistema Ana G. Méndez, dijo que otras de las consecuencias de la infoxicación son “la disminución de productividad en el trabajo o estudios y la postergación de sus prioridades, ya sean personales o profesionales”.

Un informe de Rescue Time, que se dedica a hacer estudios de los hábitos tecnológicos de las personas, reveló que un 28 por ciento de la jornada de una empresa se malgasta en interrupciones que no son urgentes.

Hace más de cincuenta años el uso de las maquinillas y el auge de la imprenta permitía que se duplicara la cantidad de textos que se publicaban. Aún así, según De Ugarte, los altos costos no permitían que todos crearan información.

“Estamos viendo cómo la democratización de la información ha aumentado y evolucionado a la vez, primero como escritura, después como imagen, etcétera. Ahora todo el mundo puede producir información en todos lados”, expresó De Ugarte como el lado positivo de la llamada Era de la Información.

La avalancha de contenido que se produce en internet levanta una paradoja, y es que mientras el contenido va multiplicándose, disminuye la posibilidad de que logre ser leído.

“En una página web promedio, los usuarios tienen tiempo de leer hasta un 28 por ciento de contenido durante una visita. El promedio de lectura no sobrepasa las 200 palabras”, revela un informe de Jakob Nielsen, reconocido en Estados Unidos por sus amplios estudios del comportamiento de los usuarios en internet y la “usabilidad” de los portales.

De igual forma, el fácil acceso a producir contenido en internet dificulta encontrar información de calidad al momento de profundizar en algún tema o suceso.

“En caso de un suceso noticioso, te enteras de qué pasó, pero difícilmente el por qué pasó. La prensa tendría que ser el refugio de profundidad”, explicó.

La inteligencia evoluciona

A pesar de reconocer que el exceso de estímulo informativo puede llegar a ser nocivo, para De Ugarte este efecto puede resultar “en una inteligencia más rápida que acostumbre al cerebro humano a enlazar unos temas con otros sin mayor dificultad, aunque de una forma más superficial”.

“Los tiempos parecen decir que para ser inteligente no hay que ser profundo. Sin embargo, puedes compensar la falta de profundidad aumentando el número de fuentes”, explicó De Ugarte.

Para otros especialistas, como Manuel Castells, de la Universidad de California del Sur, los jóvenes de hoy tienen una tendencia a ser menos profundos pero más creativos.

Aunque el evitar ‘infoxicarse’ depende después de todo de la persona, se deben tomar las medidas y procurar tener las herramientas para disminuir las posibilidades de infoxicación, explicó López Haage.

Los usuarios “tienen demasiadas herramientas y no saben utilizarlas y manejarlas”, dijo López Haage.

“Infoxicación’ no es adicción a Internet

La infoxicación y la adicción a internet no son lo mismo, aunque tienen una línea muy fina que podrían entrelazarse, según explicó López Haage.

“Una persona adicta a la información escoge lo que quiere leer y de qué quiere informarse, a diferencia de una persona infoxicada que está la mayor parte del tiempo conectada a una computadora recibiendo información de todo tipo al mismo tiempo”, añadió el especialista.

Por otro lado, el presidente de Internet Society de Puerto Rico, Eduardo Díaz Rivera, resaltó la diferencia entre la sobrecarga de información (conocida en inglés como “information overload”) y la infoxicación.

Según Díaz Rivera, lo primero se trata de toda la información que llega a nuestro cerebro a través de nuestro entorno, a diferencia de la infoxicación, que es la saturación de información dentro de la misma red cibernética y los medios digitales que utilicemos, ya sea vía correo electrónico, redes sociales, mensajes de texto y la web.

Obsesión y el Síndrome de la Ansiedad Informativa

Obsesivo y triste estar conectado todo el tiempo

Una joven universitaria mantiene una relación de amor-odio con Facebook. Conoce sobre el Síndrome de la Ansiedad Informativa.

Doralis González admite que pasa prácticamente todo el día 'conectada'. (El Nuevo Día / Carlos Giusti)

Por Brunymarie Velázquez Meléndez /brunymarie.velazquez@elnuevodia.com

LOS DÍAS de Doralis González, comienzan y terminan de la misma manera: conectada a internet.

En un día normal, su contacto con el prójimo se da través de las redes sociales, que logran que se comunique instantáneamente con solo pulsar botones desde su computadora y celular sin tener contacto físico.

“Me entero de todo por Facebook. Pero es obsesivo y triste. Siento ansiedad por responder a todo”, explicó la joven, quien pierde horas de sueño y admitió que se ha visto afectada en su desempeño académico por estar conectada a internet.

Estudios han confirmado que las redes sociales, como Facebook y Twitter, se han convertido en la principal plataforma de información entre los internautas puertorriqueños y que la mayoría del tiempo que pasan conectados a internet, se encuentran en las redes sociales.

Esto podría colocar las redes como el primera canal de infoxicación para sus usuarios. En especial cuando se utilizan medios de información que son más rápidos como alertas noticiosas en los celulares y mensajes instantáneos carentes de contexto que buscan llamar la atención del receptor como en la red social Twitter, que genera 140 millones de “tweets” diariamente.

El último estudio del consumo de Internet en Puerto Rico, realizado por Estudios Técnicos y la entidad ‘Brand Science’, reveló que en la Isla 1.5 millones de personas tienen acceso a Internet, dentro de esta cifra, 1.3 millones mantienen perfiles activos en las redes sociales y pasan la mayoría del tiempo en la semana dentro de éstas.

Una realidad paralela

“Las personas viven sus días conectados en una realidad paralela. Tienes una persona que está 24 horas conectadas recibiendo información”, sostuvo Glenn S. López Haage, especialista en web del Sistema Ana G. Méndez.

José Antonio Redondo, autor del libro Socialnets, expuso que “las horas dedicadas diariamente al uso de aparatos electrónicos se ha duplicado desde 1987, mientras que la interacción cara a cara caía de unas seis horas a un poco más de dos”.

“Es bueno saber que tengo muchas respuestas, mucho de donde sacar información. Entre más fuentes, tengo más opciones para determinar si la información es de calidad”, explicó González, estudiante de último año de la Universidad del Sagrado Corazón.

La joven universitaria contó que pasa tantas horas diarias conectada a las redes, que no se atreve hablar con una persona y se siente perdida cuando socializa con otros en la realidad.

“He tratado de desconectarme de Facebook e inclusive, cuando tengo cosas que hacer reacciono y lo desactivo, pero como mucho duro tres horas y ya, lo reactivo”, dijo la joven graduanda.

Por otro lado, un estudio de la Universidad de Harrisburg en el estado Pennsylvania, reveló que el uso excesivo de las redes sociales causa estrés, deterioro de las relaciones interpersonales y genera trastornos del sueño.

El decano de la facultad, sostuvo a través de una publicación académica, que la mayoría de los estudiantes se comportaban como los fumadores que se escapan de clase para fumar. “Querían escabullirse para mirar cosas en sus smartphones”, destacó.

“No entiendo por qué es tan adictivo. Me molesta estar conectado todo el día. Salgo con amigos, voy a la universidad, trabajo pero siempre entro a Facebook”, contestó César Anthony Manzo Casiano en un pregunta en la página de Facebook de este diario.

“Pero uno se mantiene en contacto, ya se ha convertido en una manera de comunicación. Casi como si fuera otro número de teléfono”, contestó Nelson Ramos en el medio social.

lunes, 9 de mayo de 2011

Cinturón, por Mayra Montero


CINTURÓN


Murió un sujeto apodado Arcángel. Tenía 20 años y vivía en el residencial Nemesio Canales. Según los informes de prensa, cuando el cortejo fúnebre partió del residencial con rumbo al cementerio, hubo multitud de disparos al aire. Disparos que fueron hechos prácticamente en las narices de la alta jerarquía policiaca, toda vez que, al pasar junto al Cuartel General, los participantes chillaron gomas y empuñaron sus armas.

La policía, al parecer, los siguió de cerca. Detuvo un carro gris donde viajaban dos individuos. A uno de ellos le ocuparon un arma, pero cuando estaban interrogando al segundo, «apareció un grupo de mujeres armadas con un bate que lo arrancó de las manos de los agentes». Este dato, aparecido en la historia que publicó Primera Hora, da una idea de lo que fue el entierro, y otra idea, más importante todavía, de lo hondo que ha calado la cultura del narcotráfico.

Que en medio del desorden y de la obvia comisión de un delito, como lo es disparar al aire, se ponga en práctica una estrategia para que sean las mujeres las que intervengan, con un arma poco convencional como es un bate (pero que, en cualquier caso, podría estar allí porque le pertenece a un niño) es un hecho que merece reflexión.

A la pregunta de una reportera sobre el origen de los disparos, la madre de Arcángel contestó: «No, mi amor, fue todo legal, porque, ¿sabes qué? Que ellos comprueben que nosotros tiramos al aire». Escalofriante.

Como escalofriante resulta que la gran mayoría de los vecinos del residencial José Celso Barbosa consideren que se ha cometido una injusticia con la convicción de Angel M. Ayala Vázquez, alias Angelo Millones, a quien consideran «el Pai de nosotros». Una especie de padre, claro que sí.

Y lo cierto es que Angelo Millones, que tiene la culpa de tantas cosas, no tiene la culpa de esto. Conectó con la gente, con sus vecinos de toda la vida; controlaba a los rateros (a su manera, cruenta y repugnante: trituraba dedos y disparaba a las rodillas), e impuso un código particular que, en un mundo sin códigos y sin justicia, tiene que haber sonado a gloria.

Toda esa gente que añora al narcotraficante, y que sabe perfectamente a lo que se dedicaba, se sentía respaldada, atendida por él. Si los periodistas, cuando van a Barbosa, no encuentran a casi nadie que les quiera admitir que están contentos de que haya sido condenado y desterrado, no es porque tengan miedo. Es lo contrario: estimaban la presencia de Angelo Millones, y sin él se sienten más frágiles, más a merced de la guerra anárquica en la calle, guerra que la policía no ha podido ni puede controlar.

El abandono en que viven las comunidades; los esfuerzos que se han hecho para dinamitar proyectos decisivos, como el del Caño Martín Peña por ejemplo, no sólo fomentan la desigualdad y las brechas tan enormes que se van abriendo. También, cómo no, les ponen en bandeja de plata a los narcotraficantes la posibilidad de convertirse en lo que son dentro de algunos barrios y residenciales.

Ellos trabajan el concepto de la lealtad y la conciencia de clase; a su manera, que es distorsionada y criminal, pero lo trabajan. Ya sé que las clases sociales no existen, según las teorías neoliberales bajo las cuales estamos conviviendo. Pero existen, y los tipos como Angelo Millones, los que lo sustituyen hoy en el negocio, no se distancian o desvinculan del lugar donde crecieron. Rara vez se mudan a urbanizaciones de lujo, y, si lo hacen, mantienen su reducto donde se saben seguros y admirados.

Ningún gobierno, hasta ahora, ha logrado una conexión real con la gente de los residenciales y las comunidades más golpeadas. Si lo hubieran hecho, hubieran tenido que enseñar un par de cosas; inculcar un par de ideas y una capacidad de lucha que no les conviene inculcar. ¿O entonces? La misma gente que hoy los desafía para poder disparar al aire en un cortejo fúnebre, los desafiaría en otro plano, mucho más significativo. Y eso es un riesgo.

Ultimamente es peor. Cuando ha habido un intento por organizarse con un sentido cívico y contestatario, desde el Ejecutivo o la Legislatura minan esos intentos: expropian, desarticulan fideicomisos, aniquilan la capacidad de las comunidades para impugnar proyectos en los tribunales. Y si nada de eso les funciona, acuden al viejo truco de desprestigiar.

Visto desde esa perspectiva, les conviene más que los modelos en los residenciales y en los barrios más pobres sean los tipos como Angelo Millones. O los individuos como el difunto Arcángel del Nemesio Canales.

La frustración y la ira de su madre se van por el lado equivocado. Y el lado equivocado es el más manipulable y cómodo. El más disperso. Cuentan que en el entierro de Arcángel, a la entrada del cementerio sitiado, la Policía repartió multas entre los familiares del difunto por no llevar puestos los cinturones de seguridad. «Me mataron a Luis Daniel Hernández» clamaba la madre, «alias Arcángel la Maravilla... Que ellos comprueben que tiramos al aire. Nosotros tenemos el cinturón puesto».

Un cinturón erróneo, buena señora. Un espejismo

Cinturón, por Mayra Montero


CINTURÓN


Murió un sujeto apodado Arcángel. Tenía 20 años y vivía en el residencial Nemesio Canales. Según los informes de prensa, cuando el cortejo fúnebre partió del residencial con rumbo al cementerio, hubo multitud de disparos al aire. Disparos que fueron hechos prácticamente en las narices de la alta jerarquía policiaca, toda vez que, al pasar junto al Cuartel General, los participantes chillaron gomas y empuñaron sus armas.

La policía, al parecer, los siguió de cerca. Detuvo un carro gris donde viajaban dos individuos. A uno de ellos le ocuparon un arma, pero cuando estaban interrogando al segundo, «apareció un grupo de mujeres armadas con un bate que lo arrancó de las manos de los agentes». Este dato, aparecido en la historia que publicó Primera Hora, da una idea de lo que fue el entierro, y otra idea, más importante todavía, de lo hondo que ha calado la cultura del narcotráfico.

Que en medio del desorden y de la obvia comisión de un delito, como lo es disparar al aire, se ponga en práctica una estrategia para que sean las mujeres las que intervengan, con un arma poco convencional como es un bate (pero que, en cualquier caso, podría estar allí porque le pertenece a un niño) es un hecho que merece reflexión.

A la pregunta de una reportera sobre el origen de los disparos, la madre de Arcángel contestó: «No, mi amor, fue todo legal, porque, ¿sabes qué? Que ellos comprueben que nosotros tiramos al aire». Escalofriante.

Como escalofriante resulta que la gran mayoría de los vecinos del residencial José Celso Barbosa consideren que se ha cometido una injusticia con la convicción de Angel M. Ayala Vázquez, alias Angelo Millones, a quien consideran «el Pai de nosotros». Una especie de padre, claro que sí.

Y lo cierto es que Angelo Millones, que tiene la culpa de tantas cosas, no tiene la culpa de esto. Conectó con la gente, con sus vecinos de toda la vida; controlaba a los rateros (a su manera, cruenta y repugnante: trituraba dedos y disparaba a las rodillas), e impuso un código particular que, en un mundo sin códigos y sin justicia, tiene que haber sonado a gloria.

Toda esa gente que añora al narcotraficante, y que sabe perfectamente a lo que se dedicaba, se sentía respaldada, atendida por él. Si los periodistas, cuando van a Barbosa, no encuentran a casi nadie que les quiera admitir que están contentos de que haya sido condenado y desterrado, no es porque tengan miedo. Es lo contrario: estimaban la presencia de Angelo Millones, y sin él se sienten más frágiles, más a merced de la guerra anárquica en la calle, guerra que la policía no ha podido ni puede controlar.

El abandono en que viven las comunidades; los esfuerzos que se han hecho para dinamitar proyectos decisivos, como el del Caño Martín Peña por ejemplo, no sólo fomentan la desigualdad y las brechas tan enormes que se van abriendo. También, cómo no, les ponen en bandeja de plata a los narcotraficantes la posibilidad de convertirse en lo que son dentro de algunos barrios y residenciales.

Ellos trabajan el concepto de la lealtad y la conciencia de clase; a su manera, que es distorsionada y criminal, pero lo trabajan. Ya sé que las clases sociales no existen, según las teorías neoliberales bajo las cuales estamos conviviendo. Pero existen, y los tipos como Angelo Millones, los que lo sustituyen hoy en el negocio, no se distancian o desvinculan del lugar donde crecieron. Rara vez se mudan a urbanizaciones de lujo, y, si lo hacen, mantienen su reducto donde se saben seguros y admirados.

Ningún gobierno, hasta ahora, ha logrado una conexión real con la gente de los residenciales y las comunidades más golpeadas. Si lo hubieran hecho, hubieran tenido que enseñar un par de cosas; inculcar un par de ideas y una capacidad de lucha que no les conviene inculcar. ¿O entonces? La misma gente que hoy los desafía para poder disparar al aire en un cortejo fúnebre, los desafiaría en otro plano, mucho más significativo. Y eso es un riesgo.

Ultimamente es peor. Cuando ha habido un intento por organizarse con un sentido cívico y contestatario, desde el Ejecutivo o la Legislatura minan esos intentos: expropian, desarticulan fideicomisos, aniquilan la capacidad de las comunidades para impugnar proyectos en los tribunales. Y si nada de eso les funciona, acuden al viejo truco de desprestigiar.

Visto desde esa perspectiva, les conviene más que los modelos en los residenciales y en los barrios más pobres sean los tipos como Angelo Millones. O los individuos como el difunto Arcángel del Nemesio Canales.

La frustración y la ira de su madre se van por el lado equivocado. Y el lado equivocado es el más manipulable y cómodo. El más disperso. Cuentan que en el entierro de Arcángel, a la entrada del cementerio sitiado, la Policía repartió multas entre los familiares del difunto por no llevar puestos los cinturones de seguridad. «Me mataron a Luis Daniel Hernández» clamaba la madre, «alias Arcángel la Maravilla... Que ellos comprueben que tiramos al aire. Nosotros tenemos el cinturón puesto».

Un cinturón erróneo, buena señora. Un espejismo

miércoles, 4 de mayo de 2011

Puerto Rican slang words and phrases

List of Puerto Rican slang words and phrases

From Wikipedia, the free encyclopedia

This article is a summary of common slang words and phrases used in Puerto Rico. Puerto Rican Spanish differs greatly from other dialects of Spanish because of the island's status as a commonwealth of the United States, which adds sizable English influences to the language. Puerto Ricans often use anglicisms and words made directly from English; for example, "janguiar" means "to hang out". Also notable is the spelling of words, Puerto Ricans often leave "D" sounds out of words, for instance the word "arrancado" (ripped out) is commonly spelled "arrancao". Idiomatic expressions may be difficult to translate fully, so the English translations may not reflect the full meaning of the expression they intend to translate.

viernes, 22 de abril de 2011

Mitos de la Semana Santa

Mitos de la Semana Santa

Objetos sangrantes y transformaciones físicas encabezan la lista

Una de las tradiciones requería guardar los cuchillos, machetes, navajas y tijeras, porque si no sangraban. (END / Juan Ángel Alicea Mercado)

Por Aurora Rivera Arguinzoni /arivera@elnuevodia.com

Objetos sangrantes serán la orden del día si a partir de esta medianoche la gente no guarda cuchillos, machetes, navajas y tijeras. Las presumidas también recibirán su castigo si se atreven a bailar antes del sábado al mediodía; sus piernas se secarán y habrán de andar con ellas cubiertas.

Las anteriores afirmaciones han sido parte del folclor asociado con la celebración católica de la Semana Santa, considerada la “semana mayor” por recordar la pasión y muerte de Jesús, considerado por la fe católica el hijo de Dios y Salvador de los pecadores.

Pero como reconoce el sacerdote Feliciano Rodríguez, vicario de Pastoral de la Diócesis de Caguas, muchas de esas creencias basadas en temores han quedado en el pasado. “Estamos en una época de mucha industrialización y racionalismo. Y se conserva un respeto por la fecha, un respeto muy sano, pero no asociado a mitos o castigos”, afirmó.

Además, el padre Feliciano observó que al tiempo en que ha disminuido la creencia en este tipo de mito, ha aumentado el fervor por la Pascua de Resurrección que tiende a superar el que tradicionalmente se manifestaba por el Viernes Santo. “Hay más consciencia de que es más importante la resurrección de Jesús que la muerte”, explicó.

Pero entre las tradiciones que sobreviven, Feliciano mencionó la de conservar y colocar en un lugar visible, como el retrovisor del auto, algún ramo bendecido del Domingo de Ramos.

El ramo

“La gente lo valora en cantidad. Lo ponen en la casa, en la puerta o lo cuelgan del espejo retrovisor (del auto). Mucha gente lo asocia con protección”, reconoció Feliciano.

Mientras, la folclorista Calixta Vélez, evoca los años de su infancia cuando la elaboración de ramos con pencas de palma era una especie de competencia. “Por casa nos sentábamos a la vera del camino a ver pasar las familias enteras católicas con unos ramos que eran como una competencia, quién hacía el mejor tejido, unos ramos inmensos tejidos en palma”, recordó la mujer de fe evangélica.

Vélez recuerda con mayor detalle otros de esos mitos en torno a la Semana Santa que se presentan a continuación:

No clavar

Según la creencia, se supone que no se clave nada durante toda la Semana Santa, pero especialmente el Viernes Santo por su asociación con la crucifixión, el método empleado para matar a Jesucristo. “Si estabas clavando algo, estabas clavando a Cristo”, recuerda Vélez.

No cortar

“Se tenía que preparar las viandas Jueves Santo porque Viernes Santo no se podía cortar absolutamente nada, usar el cuchillo ni tijeras para cortar absolutamente nada, porque representa el usar algo para hacer daño a un ser viviente como son las viandas, y eso fue lo mismo que se hizo con Jesucristo, por lo tanto el objeto botaría sangre”, detalló la folclorista. De hecho, recordó que en la prensa décadas se publicaban reportes de sucesos con objetos que supuestamente botaban sangre porque habían sido cortados en Viernes Santo.

Cubrir a los Santos

“Las imágenes había que cubrirlas con paños jueves y viernes santos. Se supone que todos los santos estuvieran cubiertos para que no vieran lo que iba a pasar con su líder máximo, que es Jesús. Se destapaban en Sábado de Gloria”, detalló Vélez.

No bailar

“En Semana Santa no se podía bailar porque se te secaban las piernas por estar alegre y bailar en una semana de recogimiento. Entonces, en Sábado de Gloria a mediodía se acostumbraba hacer un baile para celebrar. Yo le llamaba el baile del desquite. A las 12:00 del mediodía rompía el baile y seguía hasta el amanezca”, indicó Vélez. Detalló que en las iglesias evangélicas se tocaba las campanas del templo a las 12 del día.

Nombre de pila

De acuerdo con la folclorista, a casi todas las niñas nacidas un Sábado de Gloria se les llamaba Gloria en honor a la efeméride.

jueves, 14 de abril de 2011

Aprendiendo a LEER

Sonidos que enseñan

Cómo ayudar a los niños que enfrentan dificultades para leer y escribir

Por Ileana Delgado Castro / idelgado@elnuevodia.com

Cuando le enseñas a tu hijo pequeño a relacionar el sonido “mu” con la vaca o el “miau” con el gato, lo estás preparando para que pueda aprender a leer y a escribir. De ahí la importancia de que desde temprana edad, los padres o cuidadores de un niño, les hablen “todo el tiempo”, les canten y lean, además de señalarles las letras de izquierda a derecha, aunque no sepan leer.

“De esa forma, se va preparando al niño a tener madurez neurológica, señala la patóloga del habla Maricarmen de la Cruz, profesora adjunta y directora clínica de Servicios Especializados en la Comunicación, del Programa de Patología del Habla, Recinto de Ciencias Médicas.

La especialista se refiere al estímulo que los niños deben recibir desde temprano para que puedan ir desarrollando las destrezas necesarias que los ayude luego a aprender a leer y escribir, así como a expresarse correctamente.

“Leer es descifrar unos signos gráficos y abstraer de ellos un pensamiento. Y escribir es expresar, por medio de una serie de signos gráficos, un pensamiento. Pero para lograr que ambos se den debe haber una maduración psicofísica óptima en el niño”, explica De la Cruz.

Por ejemplo, los niños escolares que sufren trastornos de comunicación pueden tener, con más frecuencia, dificultades con las destrezas de lectura y escritura. Es lo que se conoce como dislexia, lo que puede causar un bajo nivel de aprovechamiento escolar, problemas para leer y dificultad en entender y expresar el lenguaje.

Según De la Cruz, la dislexia es cualquier trastorno en la adquisición de la lectura, como la dificultad para la distinción y memorización de letras, falta de orden y ritmo en la colocación de las pausas; y una mala estructuración de las frases que se puede ver tanto en la lectura como en la escritura (disgrafía o problema con la escritura).

“La dislexia suele coexistir con la disgrafía. Lo que pasa es que para tú aprender a escribir tienes que tener una secuencia en el espacio. Por ejemplo, tienes que escribir de izquierda a derecha y tiene que haber una conciencia de cómo se escriben las letras. Por ejemplo, que la b se escribe con la bolita a la derecha y que en la d, la bolita va para la izquierda”, explica la patóloga del habla.

Proceso continuo

Ciertamente, el aprendizaje del lenguaje es un proceso continuo que comienza con el nacimiento y se mantiene durante toda la vida. Es, de hecho, la forma de expresar emociones y comunicarse con los demás. Por eso es tan importante que, durante la etapa temprana del desarrollo del lenguaje, se aprendan destrezas para la formación de las habilidades de la lectura y la escritura.

Algo que, según los expertos, son principios importantes para que los niños se puedan desempeñar en la escuela, en el trabajo y en la sociedad.

“Si no trabajas esto en etapas tempranas, es lo mismo que construir una casa sobre una zapata frágil. Y el niño va a seguir pasando grados con lagunas. En la adolescencia van a evitar leer y cuando escriben -más ahora con las redes sociales- ves muchas palabras mal escritas. A veces lo enmascaran poniendo todas las letras en mayúsculas o acortando las palabras. Pero si los pones a escribir un ensayo, vas a ver todos los errores”, sostiene De La Cruz, mientras destaca la importancia de que el niño tenga conciencia del esquema corporal.

Quiere decir que el niño usa su cuerpo como referencia y puede distinguir lo que es izquierda de derecha. Además, debe tener conciencia fonológica, que es cuando puede determinar que un sonido pertenece a un referente X. Eso sucede cuando, por ejemplo, aprende a relacionar la vaca con el sonido ‘mu’ o al gato con ‘miau’.

Cuando eso no sucede, el niño podría tener dificultades que se deben atajar a tiempo. Es cuando un terapeuta ocupacional y un patólogo del habla pueden ayudar. El primero, dice De la Cruz, se enfoca en la conciencia del tiempo y el espacio. Mientras que el segundo, se va a enfocar en la conciencia fonológica.

“Así podemos ayudar a ese maestro, que es el profesional que tiene al niño todos los días en su salón de clases, a construir la zapata y vamos a facilitar para que pueda enseñar dentro del nivel de lectura y escritura esperado para ese niño”, afirma De la Cruz. Pero dice que le preocupa el que algunos educadores sigan la escuela de pensamiento que dice que corregir la escritura en los trabajos de los niños es contraproducente porque les afecta el autoestima.

“En ese caso, si no desean marcar el trabajo de los niños, podrían repasar en otro contexto las palabras escritas incorrectamente al igual que las reglas ortográficas que fallaron. La equivocación sería dejarlo pasar y darle una puntuación excelente a un trabajo lleno de errores sin concienciar al estudiante acerca de las equivocaciones cometidas”, enfatiza De la Cruz, mientras destaca que de esa forma lo único que se logra es perpetuar la disgrafía y la disortografía (dificultad con las reglas ortográficas).

El problema es que cuando esos estudiantes salen al mundo real, sus probabilidades de entrar a programas de estudios de altas exigencias académicas o a trabajos donde la escritura sea importante se verán limitadas, advierte la patóloga del habla. “Un ejemplo predictor de estos tiempos tecnológicos es ver los mensajes de texto y los comentarios de nuestros adolescentes en las páginas de las redes sociales, los cuales revelan muchos errores”, agrega.

¿Qué hacer para que tu hijo adquiera conciencia fonológica?

Juega a las adivinanzas con sonidos de letras.

Ejemplo: “Vamos a decir palabras que empiecen con ‘m’ (debes pronunciar el sonido, no el nombre de la letra)”.

Decir sílabas para que el niño adivine cuál es la palabra -“pan - ta - lón” y luego pedir que diga la palabra.

Jugar a pasar una bola. Ejemplo: “Dejemos que rebote tres veces antes de atraparla. Escucha bien... tiene que sonar tres veces”.

Señales a tener en cuenta

Antes de que el niño vaya a la escuela:
• Dificultad en aprender rimas y canciones o que no se interesen por aprenderlas.
• Dificultad en aprender o recordar nombres de letras.
• No reconocer las letras de su propio nombre. Por ejemplo, que la A es de Andrés o la P es de Pablo.
• Retraso en aprender a hablar con claridad (es uno de los predictores de problemas de lectura y escritura).

De preescolar a primer grado:
• Fracaso en entender que las palabras se pueden separar, por ejemplo sacapuntas.
• Inhabilidad para asociar las letras con los sonidos.
• Usualmente evita el momento de lectura.
• Puede tener errores de lectura que no tienen conexión alguna entre la palabra escrita y la que él lee.

De segundo grado en adelante:
• Mala pronunciación de las palabras. Por ejemplo, amulio en vez de aluminio.
• El habla puede que no sea muy fluida, que haya muchas pausas y que use muchas muletillas. Por ejemplo, “eh, eh, eh...”.
• No poder decir la palabra exacta según está escrita, sino que dice una palabra parecida. Por ejemplo, en vez de humildad, lee humanidad.
• Necesita un poco más de tiempo para dar una respuesta oral.

Fuente: Maricarmen de la Cruz, profesora adjunta y directora clínica de Servicios Especializados en la Comunicación, del Programa de Patología del Habla, Recinto de Ciencias Médicas. (787) 300-3838