jueves, 7 de julio de 2011

La maldición de la gitana

¿Maldición sobre la Dinastía Grimaldi?

Érase una vez una despechada gitana que le echó una maldición a un rico heredero de que nadie que se casara antes de los 50 años en su familia sería feliz. Este es el nuevo rumor al estilo cuento de hadas que ronda a la Dinastía Grimaldi tras la boda de Alberto II de Mónaco y todas sus complicaciones.

Según la leyenda, una gitana engañada por Rainiero I de Mónaco le echó una maldición a su familia en que ningún matrimonio sería exitoso si el monarca se casaba antes de los 50 años. Es la condenación más extraña que jamás he escuchado. ¿Por qué a los 50 para ser feliz? Si estaba tan ardida, ¿por qué no los hace sufrir toda la vida?

Hechizo o no, esta familia real ha tenido una buena dosis de tragedia y mal de amores. Las recientes nupcias del Príncipe Alberto estuvieron rodeadas de rumores de fuga de parte de la novia Charlene Wittstock por un presunto hijo ilegítimo que le ha salido a relucir al monarca de 53 años (parece que tomó medidas para no sufrir la maldición).

En 1982 la Princesa Grace Kelly murió en un trágico accidente de auto, esta era la esposa del Rainiero III y madre de Alberto II y sus hermanas Carolina y Estefanía. Carolina se ha casado tres veces y todos sus matrimonios han tenido desenlaces dramáticos. Su primer matrimonio a los 21 años en 1978 con el 'playboy' Philippe Junot duró dos años. En 1980 se casó con el multimillonario italiano Stefano Casiraghi, quien murió diez años después en un accidente durante una competición deportiva de motonáutica, con él tuvo tres hijos. En 1999, desposó al Príncipe Ernesto de Hannover, pero los problemas con el alcohol de Ernesto los separaron, pero nació su hija Alexandra.

La Princesa Estefanía no le ha ido mucho mejor. Su primer matrimonio con el guardaespaldas Daniel Ducruet se acabó por infidelidades de él, sus dos hijos en común nacieron antes de que se casaran en 1995. La 'Princesa Rebelde' tuvo varios romances hasta que se unió a otro guardaespaldas, Jean Raymond Gottlieb, que le dio una hija, y por último. En 2003 se casó con el acróbata portugués Adans Lópz Peres, del que se separó un año después.

¿Piensas que existe tal cosa como una maldición o mala suerte? ¿Cuánta culpa tienen los monarcas por su poco éxito en el amor?

domingo, 3 de julio de 2011

Breve e intensa poeta JULIA DE BURGOS

Breve e intensa vida de Julia de Burgos

Se cumplen 58 años de la muerte de la poeta, en medio de la soledad y el anonimato

Apenas fue semanas después de su muerte que fue identificado el cuerpo de Julia de Burgos. (Archivo)

Por Jorge L. Pérez / jperez@elnuevodia.com

Julia de Burgos, a quien muchos consideran la poeta más grande que ha tenido Puerto Rico, tuvo un final trágico y patético que, curiosamente, pareció ser el resultado natural del tono de su obra poética.

El 6 de julio de 1953, fue hallada desplomada en la acera e inconsciente en la esquina de la Quinta Avenida y la Calle 106 en Manhattan, y murió poco después de pulmonía en un hospital de Harlem.

Sin embargo, dado a que se encontraba sola y no traía documentos que la identificaran, la mujer de 39 años de edad recibió una sepultura de deambulante en el cementerio de Hart Island, donde su tumba aparecía identificada bajo el nombre genérico de Jane Doe.

Posteriormente se supo que había estado viviendo con unos parientes en Brooklyn, y que éstos la habían visto por última vez el 28 de junio.

Semanas después de su muerte, algunos amigos y parientes pudieron finalmente identificar las fotos de su cadáver tomadas en la morgue y localizaron su tumba, por lo que su cadáver pudo ser transportado el 6 de septiembre a Puerto Rico, donde fue velado con todos los honores en el Ateneo Puertorriqueño y luego fue sepultado en el Cementerio de Carolina.

Pocos meses antes, en febrero de ese mismo año, había escrito un desgarrador poema en inglés, titulado “Farewell in Welfare Island” (Adiós en Welfare Island (donde estuvo hospitalizada), que contenía los versos:

“It has to be from here,

(tiene que partir de aquí)

forgotten but unshaken,

(olvidada, pero inquebrantable)

among comrades of silence

(entre los camaradas del silencio)

deep into Welfare Island

(muy adentro en Welfare Island)

my farewell to the world.

(mi despedida al mundo).

Talento sin límites

Fue la despedida de una vida corta, intensa, llena de sentimiento... y sufrimiento.

Su talento intelectual no halló trabas: nacida en el Barrio Santa Cruz de Carolina el 17 de febrero de 1944, consiguió becas para graduarse primero de la escuela superior de la Universidad de Puerto Rico y, más tarde, para completar estudios en pedagogía a los 19 años.

Luego se casó en 1934 con Rubén Rodríguez Beauchamp, de quien se divorciaría tres años después, y en Comerío empezó a trabajar en la P.R.E.R.A. (la Puerto Rico Economical Rehablitation Agency), agencia federal que distribuía alimentos entre los pobres.

Al año siguiente comenzó a trabajar como maestra en una escuela rural de Naranjito, época en la que escribió uno de sus poemas más emblemáticos: Río Grande de Loíza”, el cual termina:

¡Río Grande de Loíza!... Río grande.

Llanto grande.

El más grande de todos nuestros llantos isleños,

si no fuera más grande el que de mí se sale

por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.

Luego escribió para un programa infantil en la radio y también se expresó elocuentemente a favor de la justicia social y la independencia de Puerto Rico.

Los que la conocieron dan testimonio de una personalidad impactante:

“Me percaté de esta joven mujer que sobresalía por su aire elegante y su belleza característica”, escribiría el poeta y crítico literario, Josemilio González. “Su personalidad se imponía sin que nosotros pudiéramos precisar a qué se debía esto”.

El entonces periodista y futuro funcionario político y legislador, Jorge Font Saldaña, recordó haberla visto cuando ella tenía 23 años y quedar impresionado por su alta estatura, su gran belleza física “y esos ojos que parecían estar tratando de penetrar el alma de las personas”.

Cuando le preguntó: “¿De dónde usted viene?” Ella le respondió: “Igual que usted... de ninguna parte”.

En 1938 conoció a quien sería el amor de su vida: el exiliado dominicano Juan Isidro Jimenes Grullón, un reconocido médico y sociólogo dominicano exiliado, hijo y nieto de pasados presidentes de la República Dominicana, que estaba casado, pero separado de su esposa.

En 1940 se mudaron a Nueva York, donde Julia tenía la intención de trabajar como periodista y, en 1941 se trasladaron a La Habana, en cuya universidad Julia de Burgos comenzó a coger cursos de griego, latín, francés, biología, antropología, sociología, sicología... y algunos más.

Cuando la relación concluyó en 1942 -situación que ella atribuyó a su renuencia a desafiar a su familia de clase alta para que la aceptara a ella-, Julia de Burgos se marchó entonces a Nueva York, donde ocupó los trabajos que encontraba: como inspectora de óptica, empleada de un laboratorio químico, vendedora de lámparas, oficinista y costurera.

Allí conoció a su vez a Armando Marín, un poeta, con quien se casó y pasó a vivir en Washington, D.C.

Pero el sufrimiento del rompimiento con Jimenes Grullón y el hallazgo de que tenía cáncer, gradualmente fueron sumiéndole en una depresión que le llevó a la bebida y, en 1946, a un diagnóstico de cirrosis del hígado.

En Nueva York viviría desde ese 1946 hasta la fecha de su muerte.

Además de aparecer en publicaciones periódicas, sus poemas produjeron dos excelsos poemarios en vida: Poema en veinte surcos (1938) y Canción de la verdad sencilla (1939).

Por desgracia, su primer poemario, Poemas exactos a mí misma (1937), que tenía mecanografeado, se perdió sin ser publicado, mientras que el último, El mar y tú (1954), a quien Pablo Neruda, conocido en Cuba, le había prometido escribir el prólogo, debió ser publicado póstumamente.

Su poesía era apasionada, dotada de fuertes dosis de sensualidad y regodeo con el sufrimiento amoroso y con la muerte.

“Vivió y murió apasionadamente, sin rendir uno solo de sus estandartes”, dijo Josemilio González. “Raras veces se ha dado una intensidad mayor y raras veces la angustia ha sido perforada con mayor eficacia expresiva”.

“Fue nuestra primera mujer moderna”, opinó recientemente la escritora Mayra Santos Febres. “Ya para el 1932 estaba divorciada. Tuvo abortos. Bebía, fumaba, fue campeona de tiro de jabalina en la Universidad”.

“Si México tiene a Frida Khalo y Chile a Gabriela Mistral, nosotros tenemos a Julia de Burgos. Su fin trágico da testimonio a lo difícil que se le hizo a la mujer insertarse en la modernidad”.

Y agregó: “En realidad, Julia de Burgos tuvo una gran vida; una que ameritaría una buena reedición de su obra y, mejor aún, un buen guión de película”.

Lo cierto es que, a través de los años, su nombre ha estado cada vez más presente: en 1987, el Departamento de Español del Recinto de Río Piedras de al UPR le concedió póstumamente el doctorado Honoris Causa, mientras que varias escuelas y avenidas llevan su nombre.

Igualmente, existen la casa Protegida Julia de Burgos, que alberga a las víctimas de violencia doméstica, así como el Museo de Artes y Ciencias Julia de Burgos.

En Nueva York existe el Centro Latino Julia de Burgos en Manhattan y en Harlem, muy cerca de la esquina en la que se desplomó herida de muerte, el Centro de Arte Julia de Burgos.


domingo, 19 de junio de 2011

‘infoxicación’ : hastío por exceso información de la Web

Empache mediático

Ha surgido el término ‘infoxicación’ para describir el hastío que ocurre por el exceso de información que se recibe a través de la Web y las redes sociales

La infoxicación se da cuando la información llega a ser "tóxica", pues el cerebro no tiene la capacidad de procesarla. (Thinkstock)

Por Brunymarie Velázquez Meléndez /brunymarie.velazquez@elnuevodia.com

IMAGÍNESE que enciende su computadora, activa su perfil en las redes sociales, su correo electrónico y comienza a navegar en la web. Enterarse de las noticias, el clima, el tráfico, las últimas ofertas y hasta cómo se sienten sus amigos es más rápido que hacer “clic”. Pero se percata de que han pasado horas y usted aún sigue frente al monitor.

O considere el ejemplo de Esteban(nombre ficticio), que es amante de la música, y comparó cómo hace unas décadas entraba a una disquera y leía varias revistas para mantenerse enterado de los acontecimientos musicales más importantes del mundo. “Hoy entro a internet y hay tanta información de música que me causa desesperación y he llegado a hastiarme”, comparó.

Tanto usted, como Esteban, podrían ser víctimas de la ‘infoxicación’, un neologismo originado por el español Alfons Cornellá, que se aplica cuando toda la información que se recibe a través de correos electrónicos, redes sociales, mensajes de texto y la web es más de la que humanamente se puede procesar.

Entre el comienzo de la escritura y el 2003, el ser humano produjo cinco exabytes -trillones de unidades- de información. Esa misma cantidad se produce ahora cada dos días en internet, dijo en entrevista por videoconferencia desde Uruguay, David de Ugarte, bloguero del periódico El País, de Madrid y autor de más de cinco libros sobre redes sociales e informática.

Según el cálculo del experto en redes, cinco exabytes de información equivalen a un millón de millones de fotografías de una cámara digital promedio o a más de medio millón de veces la información que los jóvenes puertorriqueños intercambian mediante mensajes de texto cada año.

¿Qué pasa cuando se vive dentro de ese despiadado bombardeo de información? La mente se agobia, y es que la inmediatez de la información en internet y las nuevas tecnologías han hecho que las personas acudan a la Red como primera opción. Eso lleva a que terminen aturdidas y a que su capacidad de análisis se afecte. Todo es igual de importante y urgente, por lo que intervienen con todo a la vez.

El psicólogo británico David Lewis creó el término Síndrome de Fatiga Informativa para describir el efecto que se produce cuando la persona tiene que lidiar con millones de datos de información que llegan al cerebro. Su estudio se enfocó en los efectos de la información en el mundo empresarial y las repercusiones que el bombardeo de ésta tendría en los empleados.

Lewis determinó en sus estudios que el sobreestímulo de información paraliza la capacidad de analizar, crea ansiedad, lleva a tomar malas decisiones y a llegar a conclusiones erróneas.

El psicólogo expuso además como uno de los efectos mayores que las personas “se han convertido en incapaces de desarrollar rutinas sencillas para manejar la información”.

“Si estás sometido a un bombardeo de publicidad y dejas de actuar con conciencia una reacción puede ser que comiences a comprar irracionalmente”, ejemplificó De Ugarte.

Menos productividad

Por otro lado, Glenn S. López Haage, especialista en web del Sistema Ana G. Méndez, dijo que otras de las consecuencias de la infoxicación son “la disminución de productividad en el trabajo o estudios y la postergación de sus prioridades, ya sean personales o profesionales”.

Un informe de Rescue Time, que se dedica a hacer estudios de los hábitos tecnológicos de las personas, reveló que un 28 por ciento de la jornada de una empresa se malgasta en interrupciones que no son urgentes.

Hace más de cincuenta años el uso de las maquinillas y el auge de la imprenta permitía que se duplicara la cantidad de textos que se publicaban. Aún así, según De Ugarte, los altos costos no permitían que todos crearan información.

“Estamos viendo cómo la democratización de la información ha aumentado y evolucionado a la vez, primero como escritura, después como imagen, etcétera. Ahora todo el mundo puede producir información en todos lados”, expresó De Ugarte como el lado positivo de la llamada Era de la Información.

La avalancha de contenido que se produce en internet levanta una paradoja, y es que mientras el contenido va multiplicándose, disminuye la posibilidad de que logre ser leído.

“En una página web promedio, los usuarios tienen tiempo de leer hasta un 28 por ciento de contenido durante una visita. El promedio de lectura no sobrepasa las 200 palabras”, revela un informe de Jakob Nielsen, reconocido en Estados Unidos por sus amplios estudios del comportamiento de los usuarios en internet y la “usabilidad” de los portales.

De igual forma, el fácil acceso a producir contenido en internet dificulta encontrar información de calidad al momento de profundizar en algún tema o suceso.

“En caso de un suceso noticioso, te enteras de qué pasó, pero difícilmente el por qué pasó. La prensa tendría que ser el refugio de profundidad”, explicó.

La inteligencia evoluciona

A pesar de reconocer que el exceso de estímulo informativo puede llegar a ser nocivo, para De Ugarte este efecto puede resultar “en una inteligencia más rápida que acostumbre al cerebro humano a enlazar unos temas con otros sin mayor dificultad, aunque de una forma más superficial”.

“Los tiempos parecen decir que para ser inteligente no hay que ser profundo. Sin embargo, puedes compensar la falta de profundidad aumentando el número de fuentes”, explicó De Ugarte.

Para otros especialistas, como Manuel Castells, de la Universidad de California del Sur, los jóvenes de hoy tienen una tendencia a ser menos profundos pero más creativos.

Aunque el evitar ‘infoxicarse’ depende después de todo de la persona, se deben tomar las medidas y procurar tener las herramientas para disminuir las posibilidades de infoxicación, explicó López Haage.

Los usuarios “tienen demasiadas herramientas y no saben utilizarlas y manejarlas”, dijo López Haage.

“Infoxicación’ no es adicción a Internet

La infoxicación y la adicción a internet no son lo mismo, aunque tienen una línea muy fina que podrían entrelazarse, según explicó López Haage.

“Una persona adicta a la información escoge lo que quiere leer y de qué quiere informarse, a diferencia de una persona infoxicada que está la mayor parte del tiempo conectada a una computadora recibiendo información de todo tipo al mismo tiempo”, añadió el especialista.

Por otro lado, el presidente de Internet Society de Puerto Rico, Eduardo Díaz Rivera, resaltó la diferencia entre la sobrecarga de información (conocida en inglés como “information overload”) y la infoxicación.

Según Díaz Rivera, lo primero se trata de toda la información que llega a nuestro cerebro a través de nuestro entorno, a diferencia de la infoxicación, que es la saturación de información dentro de la misma red cibernética y los medios digitales que utilicemos, ya sea vía correo electrónico, redes sociales, mensajes de texto y la web.

Obsesión y el Síndrome de la Ansiedad Informativa

Obsesivo y triste estar conectado todo el tiempo

Una joven universitaria mantiene una relación de amor-odio con Facebook. Conoce sobre el Síndrome de la Ansiedad Informativa.

Doralis González admite que pasa prácticamente todo el día 'conectada'. (El Nuevo Día / Carlos Giusti)

Por Brunymarie Velázquez Meléndez /brunymarie.velazquez@elnuevodia.com

LOS DÍAS de Doralis González, comienzan y terminan de la misma manera: conectada a internet.

En un día normal, su contacto con el prójimo se da través de las redes sociales, que logran que se comunique instantáneamente con solo pulsar botones desde su computadora y celular sin tener contacto físico.

“Me entero de todo por Facebook. Pero es obsesivo y triste. Siento ansiedad por responder a todo”, explicó la joven, quien pierde horas de sueño y admitió que se ha visto afectada en su desempeño académico por estar conectada a internet.

Estudios han confirmado que las redes sociales, como Facebook y Twitter, se han convertido en la principal plataforma de información entre los internautas puertorriqueños y que la mayoría del tiempo que pasan conectados a internet, se encuentran en las redes sociales.

Esto podría colocar las redes como el primera canal de infoxicación para sus usuarios. En especial cuando se utilizan medios de información que son más rápidos como alertas noticiosas en los celulares y mensajes instantáneos carentes de contexto que buscan llamar la atención del receptor como en la red social Twitter, que genera 140 millones de “tweets” diariamente.

El último estudio del consumo de Internet en Puerto Rico, realizado por Estudios Técnicos y la entidad ‘Brand Science’, reveló que en la Isla 1.5 millones de personas tienen acceso a Internet, dentro de esta cifra, 1.3 millones mantienen perfiles activos en las redes sociales y pasan la mayoría del tiempo en la semana dentro de éstas.

Una realidad paralela

“Las personas viven sus días conectados en una realidad paralela. Tienes una persona que está 24 horas conectadas recibiendo información”, sostuvo Glenn S. López Haage, especialista en web del Sistema Ana G. Méndez.

José Antonio Redondo, autor del libro Socialnets, expuso que “las horas dedicadas diariamente al uso de aparatos electrónicos se ha duplicado desde 1987, mientras que la interacción cara a cara caía de unas seis horas a un poco más de dos”.

“Es bueno saber que tengo muchas respuestas, mucho de donde sacar información. Entre más fuentes, tengo más opciones para determinar si la información es de calidad”, explicó González, estudiante de último año de la Universidad del Sagrado Corazón.

La joven universitaria contó que pasa tantas horas diarias conectada a las redes, que no se atreve hablar con una persona y se siente perdida cuando socializa con otros en la realidad.

“He tratado de desconectarme de Facebook e inclusive, cuando tengo cosas que hacer reacciono y lo desactivo, pero como mucho duro tres horas y ya, lo reactivo”, dijo la joven graduanda.

Por otro lado, un estudio de la Universidad de Harrisburg en el estado Pennsylvania, reveló que el uso excesivo de las redes sociales causa estrés, deterioro de las relaciones interpersonales y genera trastornos del sueño.

El decano de la facultad, sostuvo a través de una publicación académica, que la mayoría de los estudiantes se comportaban como los fumadores que se escapan de clase para fumar. “Querían escabullirse para mirar cosas en sus smartphones”, destacó.

“No entiendo por qué es tan adictivo. Me molesta estar conectado todo el día. Salgo con amigos, voy a la universidad, trabajo pero siempre entro a Facebook”, contestó César Anthony Manzo Casiano en un pregunta en la página de Facebook de este diario.

“Pero uno se mantiene en contacto, ya se ha convertido en una manera de comunicación. Casi como si fuera otro número de teléfono”, contestó Nelson Ramos en el medio social.

lunes, 9 de mayo de 2011

Cinturón, por Mayra Montero


CINTURÓN


Murió un sujeto apodado Arcángel. Tenía 20 años y vivía en el residencial Nemesio Canales. Según los informes de prensa, cuando el cortejo fúnebre partió del residencial con rumbo al cementerio, hubo multitud de disparos al aire. Disparos que fueron hechos prácticamente en las narices de la alta jerarquía policiaca, toda vez que, al pasar junto al Cuartel General, los participantes chillaron gomas y empuñaron sus armas.

La policía, al parecer, los siguió de cerca. Detuvo un carro gris donde viajaban dos individuos. A uno de ellos le ocuparon un arma, pero cuando estaban interrogando al segundo, «apareció un grupo de mujeres armadas con un bate que lo arrancó de las manos de los agentes». Este dato, aparecido en la historia que publicó Primera Hora, da una idea de lo que fue el entierro, y otra idea, más importante todavía, de lo hondo que ha calado la cultura del narcotráfico.

Que en medio del desorden y de la obvia comisión de un delito, como lo es disparar al aire, se ponga en práctica una estrategia para que sean las mujeres las que intervengan, con un arma poco convencional como es un bate (pero que, en cualquier caso, podría estar allí porque le pertenece a un niño) es un hecho que merece reflexión.

A la pregunta de una reportera sobre el origen de los disparos, la madre de Arcángel contestó: «No, mi amor, fue todo legal, porque, ¿sabes qué? Que ellos comprueben que nosotros tiramos al aire». Escalofriante.

Como escalofriante resulta que la gran mayoría de los vecinos del residencial José Celso Barbosa consideren que se ha cometido una injusticia con la convicción de Angel M. Ayala Vázquez, alias Angelo Millones, a quien consideran «el Pai de nosotros». Una especie de padre, claro que sí.

Y lo cierto es que Angelo Millones, que tiene la culpa de tantas cosas, no tiene la culpa de esto. Conectó con la gente, con sus vecinos de toda la vida; controlaba a los rateros (a su manera, cruenta y repugnante: trituraba dedos y disparaba a las rodillas), e impuso un código particular que, en un mundo sin códigos y sin justicia, tiene que haber sonado a gloria.

Toda esa gente que añora al narcotraficante, y que sabe perfectamente a lo que se dedicaba, se sentía respaldada, atendida por él. Si los periodistas, cuando van a Barbosa, no encuentran a casi nadie que les quiera admitir que están contentos de que haya sido condenado y desterrado, no es porque tengan miedo. Es lo contrario: estimaban la presencia de Angelo Millones, y sin él se sienten más frágiles, más a merced de la guerra anárquica en la calle, guerra que la policía no ha podido ni puede controlar.

El abandono en que viven las comunidades; los esfuerzos que se han hecho para dinamitar proyectos decisivos, como el del Caño Martín Peña por ejemplo, no sólo fomentan la desigualdad y las brechas tan enormes que se van abriendo. También, cómo no, les ponen en bandeja de plata a los narcotraficantes la posibilidad de convertirse en lo que son dentro de algunos barrios y residenciales.

Ellos trabajan el concepto de la lealtad y la conciencia de clase; a su manera, que es distorsionada y criminal, pero lo trabajan. Ya sé que las clases sociales no existen, según las teorías neoliberales bajo las cuales estamos conviviendo. Pero existen, y los tipos como Angelo Millones, los que lo sustituyen hoy en el negocio, no se distancian o desvinculan del lugar donde crecieron. Rara vez se mudan a urbanizaciones de lujo, y, si lo hacen, mantienen su reducto donde se saben seguros y admirados.

Ningún gobierno, hasta ahora, ha logrado una conexión real con la gente de los residenciales y las comunidades más golpeadas. Si lo hubieran hecho, hubieran tenido que enseñar un par de cosas; inculcar un par de ideas y una capacidad de lucha que no les conviene inculcar. ¿O entonces? La misma gente que hoy los desafía para poder disparar al aire en un cortejo fúnebre, los desafiaría en otro plano, mucho más significativo. Y eso es un riesgo.

Ultimamente es peor. Cuando ha habido un intento por organizarse con un sentido cívico y contestatario, desde el Ejecutivo o la Legislatura minan esos intentos: expropian, desarticulan fideicomisos, aniquilan la capacidad de las comunidades para impugnar proyectos en los tribunales. Y si nada de eso les funciona, acuden al viejo truco de desprestigiar.

Visto desde esa perspectiva, les conviene más que los modelos en los residenciales y en los barrios más pobres sean los tipos como Angelo Millones. O los individuos como el difunto Arcángel del Nemesio Canales.

La frustración y la ira de su madre se van por el lado equivocado. Y el lado equivocado es el más manipulable y cómodo. El más disperso. Cuentan que en el entierro de Arcángel, a la entrada del cementerio sitiado, la Policía repartió multas entre los familiares del difunto por no llevar puestos los cinturones de seguridad. «Me mataron a Luis Daniel Hernández» clamaba la madre, «alias Arcángel la Maravilla... Que ellos comprueben que tiramos al aire. Nosotros tenemos el cinturón puesto».

Un cinturón erróneo, buena señora. Un espejismo